El presidente de Colombia, Alvaro Uribe, respondió con estas palabras a las acusaciones de que su familia y él apoyaron a paramilitares: "Yo habría sido buen guerrillero, porque no habría sido guerrillero de calumnias sino de fusil. Habría sido exitoso militarmente, no protagonista de calumnias. Eso de ser mediocre guerrillero y lucido calumniador dice muy mal de la personalidad de la guerrilla". Dijo que él estaría bien preparado para la guerrilla porque ha leido con mucho juicio a Mao Tse Tung y a Marx.
Quiere decir que el presidente Alvaro Uribe es un hombre que favorece las armas para impulsar sus ideas en vez de las palabras y las pruebas. Eso no lo diferencia mucho de sus oponentes ni lo acerca a la razón. Dice mucho de él, de lo que es capaz. Lo triste es que por eso lo siguen otros que creen que con las armas se resuelven nuestros problemas: eso fue lo que denunciaron aquella anoche, con palabras y documentos y no con armas, en el recinto del Congreso. Fíjese la diferencia: Petro pertenece a un movimiento que se desmovilizó, es decir, que regresó de las armas a la política formal, que era lo que el país esperaba. En cambio el presidente dice que prefiere al de fusil, al de monte, no al de cafetería. Así se parece más a su archienemigo. ¿Por qué no sentarán él y Tirofijo a negociar, como buenos finqueros?
Muy elocuente, señor Presidente: sus palabras retumban como balas.
Wednesday, April 18, 2007
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